Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo.
Ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

jueves, 21 de octubre de 2010

Formentera - Día 2 - Por la mañana

El segundo día en Formentera decidí levantarme temprano para poder recorrer media Isla en bicicleta. En la recepción del hotel cogí un mapa con los puntos claves y lugares turísticos a los que visitar, y mientras desayunaba me marqué el recorrido. (Me serví de un buffet libre... así que me puse las botas... Aprovechando me apropié de dos paquetes de tres galletas María cada uno y los metí en la maleta... por si acaso.)

Con el recorrido marcado, la barriga llena y las ganas de ver paisage me dirigí a Can Manolo, donde me alquilaron una bici de paseo por tan solo 7 €!! Un hombre simpático el tal Manolo...!

Venga, me preparé el mp3 con mantras y música de Snatam Kaur y salí de Ses Pujols pedaleando en dirección Port de la Savina. De camino me paré en el primer punto que marqué: El sepulcro megalítico de Ca Na Costa, levantado entre 1900 y 1600 antes de nuestra Era.

Este sepulcro de carácter religioso parece ser único en el mundo, ya que conserva todas las partes intactas: corredor, cámara principal y camino exterior. Por razones de seguridad el monumento se encontraba vallado y no pude investigar!

Empezó a caer sobre mis hombros el calor y los rayos del sol a las nueve de la mañana y me dirigí a darme un baño a la playa de Es Canyers y pedalenado un ratito más a Sa Roqueta. De camino me encontré a los tres de Olot yendo en moto, y me recordaron que por la tarde íbamos a recorrer S'Espalmador en Kayac. Mi respuesta fue: Allí estaré!!!!!!!!

A las once de la mañana cruzé todas las instalaciones de les Salines, que son unas acequias productoras de sal. Eh... increíbles!

Llegué al Puerto de la Savina. Me entretuve mirando las embarcaciones y proseguí mi camino hasta Sant Francesc. El camino que recorrí fue una carretera con mucha subida, demasiada! Eso sí, el carril bici estaba debidamente señalizado y contaba con bastante espacio. 

En Sant Francesc me detuve a chafardear una tienda y aproveché para ojear el mapa. Iba por el buen camino... Lo que no sabía era la clase de subidas y bajadas que me esperaban. El carril bici se estrechó, desapareció y empezaron las curvas... Pero la vegetación que rodeaba aquel camino era espectacular: todo verde, pinos, hierbas silvestres, vallas rocosas aquí y allí, casas de piedra, cielo despejado, olores desconocidos... Me sentí como si formara parte de la serie Verano Azul! Sacrificado, pero toda una experiencia.

Sudando, deshidratada, asqueada y casi atropellada dos veces llegué al Cap de Barbaria, donde un gran faro blanco se alzaba imperioso para ser la "luz" de los desorientados. Llegué medio muerta a las dos de la tarde, y maldije a todas esas personas que habían llegado allí en moto o en coche... No vi ninguna bicicleta!! Del Cap de Babaria, a parte del Faro, me llamó la atención unos diminutos montoncitos de piedra que se repartían por todo el territorio, piedrecitas amontonadas que, según me explicaron una pareja de Mallorca, fueron construidas por los hippis para honrar la divinidad de la naturaleza y la creatividad humana sin necesidad de destruir el paisaje. Me dijeron: "En la Naturaleza se encuentra el material necesario para sorprendernos". Me despedí de ellos y fui caminando durante unos diez minutos hasta llegar a la Torre Des Garroveret, una antigua fortaleza que no me atreví a escalar como hicieron dos chicas de Barcelona. Ya llevaba peladas las rodillas de la última vez que casi me atropellaron... así que decidí no tentar a la suerte.
Hora de volver! Tenía tres horas por delante ya que había quedado a las cinco de la tarde en la náutica para hacer el viaje en Kayac con Sara, Marc y Pere! Tuve un ataque de pereza mezclada con pánico al tener que volver otra vez a recorrer aquel camino en bicicleta... pero lo hice. Y me esperaron subidas, subidas y subidas.

Insensata de mi no me llevé nada para beber. Cuidado!! Os lo digo en serio: No os olvidéis jamás llevar una botella de agua encima!! Saliendo de Sant Francesc ya no hay absolutamente ningún bar ni tienda para comprar comida o bebida, así que suministraros bien y a tope! Yo me olvidé el agua, así que pedalee hasta el primer bar que encontré. No sabría deciros los kilómetros que recorrí, pero estuve más o menos una hora y media. Llegué al bar....... tiré la bici al suelo y entré estrepitosamente. Le pedí un zumo de melocotón con mucho, muchísimo hielo al camarero y lo apuré en segundos. Mientras me hacía un piti miré a mi alrededor... Una señal de Sant Francesc a 100 m si seguía hacia delante... y otra más que señalaba a la izquierda, dónde ponía: Playa Cala Saona, 1,2 km. La brújula de mi interior apuntó hacia la izquierda...

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