Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo.
Ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. Segundo día

La luz tímida de media mañana entraba a través de las brechas que se habían formado en la persiana de madera de la habitación de Elisenda. Nos despertamos casi sincronizadamente y bajamos las chirriantes escaleras a fin de desayunar. Mi tía Nadia nos había dejado encima de la mesa una gran variedad de cremas y mermeladas, queso, panes ecológicos y la pequeña olla con té que la presidía, aún vaporeando. Comimos con ansia y avidez. Descubrí que la crema de avellanas acompañada con mermelada de frambuesa, untadas en pan ecológico de cinco cereales, con un trozo de queso de cabra casero encima era mi desayuno favorito. Elisenda se había ido al cole y mis tíos nos animaron a recoger los huevos de las gallinas pirenaicas. Habían puesto tres huevos, que guardamos para la comida. Nadia tenía que hacer piezas de cerámica para vender en el mercado (si no llovía), mientras mi tío Fonsu preparaba el horno para hornear las piezas que ya habían moldeado la semana anterior. Así que nos propuso enseñarnos a tornear. Claro, ¡estuvimos encantadas! Cristina fue la primera. Torneamos dos boles cada una. Mi tía me dijo, como dato curioso, que mis formas de tornear y moldear eran muy parecidas, casi idénticas, a las de mi tío... ¿La herencia genética?

Nuestras creaciones
Mientras mi tío Fonsu preparaba la comida Nadia nos mostró un mapa turístico de la zona. Viendo que la neblina emergía de entre las copas de los arboles, y habiendo planeado el día anterior dónde ir, elegimos el lugar culminante dónde acabaríamos el lluvioso y húmedo día...

Nos preparamos un bocadillo de queso de cabra, tomate y hummus para comer. Mi tío había preparado patatas al horno con carne, pero... nuestra comida sería un bocadillo... así que cogimos el coche, encendimos nuestro amigo GPS y empezamos a descender por la carretera.

COVA BASTERA

Justo al lado de Vilefranche de Conflent se encuentra la primera cueva que visitaríamos. En la entrada hay una pancarta con un triceratops enorme, no pasa desapercibida. Aparcamos justo delante y salimos pitando, pues había empezado a llover fuertemente. El propietario de la cueva (sí, había colgado en la pared un artículo del periódico dónde ponía que era el propietario, curioso) nos atendió muy amablemente en catalán-francés. Recalco esto, porqué el hombre empezó a explicar que había tres cuevas y despistando, despistando, nos cobró tres entradas en lugar de dos. Evidentemente reclamé el importe...

Tuvimos que subir por unas escaleras empinadas a la par que estrechas. Las goteras y la humedad pronto hicieron mella en nuestros cuerpos. Debo decir que la cueva en si no tiene nada de particular... Para dar un poco de emoción turística hay montadas unas escenas con dinosaurios y hombres de las cavernas que no vienen mucho al caso... Nuestro paso por Bastera fue rápido, pues no había mucho por ver.


GRANS CANALETTES

Aparcamos el vehículo en el párquing de esta cueva y comimos los bocadillos dentro del coche. Al entrar, vimos que el hall estaba casi inundado. Para hacer la broma abrimos el paraguas. La escena era casi surrealista: todas las vitrinas en las que había minerales y joyas estaban empapadas, había montones de cubos debajo de las goteras y todo estaba encharcado. Habiendo estado en la Cueva Bastera nos esperábamos lo peor... No obstante, lo que esa Cueva guardaba era fascinante...

Nos encaminamos por un pasillo iluminado donde en el lado derecho había estalagmitas (depósito de minerales que se forman por precipitación química que se forman en el suelo de una cueva de caliza debido a la decantación de soluciones y la deposición de carbonato cálcico). Entonces la cueva se engrandecía y empezamos a ver decenas, centenares de estalagmitas y estalactitas (lo mismo pero se forman des del techo). La iluminación de estas maravillas era espléndida, bien estudiada. Empecé a sentir una paz profunda que me obligaba a mantenerme con la boca abierta y los ojos desorbitados. Era un paisaje mágico, celestial.






Subiendo unas escaleras nos encontramos con una extraña formación de estalagmitas que parecían la Montaña de Montserrat. Incluso sonaba la canción Rosa d'Abril (el himno o cántico representativo). La Cueva Grans Canalettes es uno de los sitios que visitar antes de morir, lo digo en serio.

Salimos de la Cueva con una gran paz interior y asombro. El mal tiempo seguía amenazando y nos pusimos en camino del lugar donde terminar el día: Saint Thomas Les Bains.

SAINT THOMAS LES BAINS

Es un manantial al aire libre con tres piscinas de agua caliente y sulfurosa... Fue lo mejor que podíamos haber hecho dado el mal tiempo que hacía. Bañarte en agua caliente mientras la lluvia fría te cae en la cabeza, viendo las montañas de fondo a la par que relajas la musculatura de la espalda con un chorro de agua es.... indescriptible... Nos quedamos un par de horas yendo de piscina en piscina. El vapor de agua nos nublaba la vista y el sulfuro nos limpió y saneó la piel sobremanera. 


Terminó el día dando paso a la noche. Estábamos bastante lejos de Py y debíamos marcharnos... aunque no queríamos, nos fue muy difícil salir de las piscinas... pero no teníamos más remedio xD

Como dato de observación: 1.- En Saint Thomas las duchas están a fuera,en las piscinas, no en los vestuarios. Así que armaros de valor y coraje para salir fuera del recinto si no vais en verano. 2.- No pidáis té. Lo elaboran allí mismo y no es que sea muy bueno... Pedimos uno que parecía té rojo, pero era de frambuesa y sabía muy raro.... NO TÉ DE SAINT THOMAS S'IL VOUS PLAÎT.

De nuevo dimos uso a nuestro amigo, que de vuelta a Py nos condujo por un camino que denominamos "de cabras". Sin iluminación, estrecho, con niebla densa, cruzando un bosque y cero señalización. En algún momento incluso tuve la sensación que se nos aparecería la "chica de la curva" o cualquier otro espíritu malvado y siniestro que nos mataría.

Llegamos a Py cansadas. Mis tíos nos habían guardado lo que había sobrado del almuerzo y comimos con ansia. Al igual que la noche anterior, nos decidimos por ver una película antes de ir a dormir. No obstante, somos humanas y el cansancio se apoderó de nuestra mente y cuerpo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. Primer día

Vilefranche de Conflent.



Villa medieval del siglo XI, ubicada en el corazón de los Pireneos Orientales, al pie del Canigou. Clasificada entre los más Bonitos Pueblos de Francia. En el interior de estas fortificaciones, en sus calles estrechas, existe una actividad artesanal y comercial pintoresca. Muchas de sus tiendas son de Pottery "cerámica", juguetes hechos a mano, varias librerías y sobretodo y que no falten: Bares. El día era lluvioso y toda la ciudad se encontraba sumida en la neblina. 
Nos contaron que como atracción turística los lugareños se inventaron que en el pasado unas brujas se escondían en los bosques cercanos donde preparaban sus pócimas y aclamaban la magia negra, atemorizando a los vecinos de la zona. Esta historia no es cierta, y en mi opinión con solo recorrer las calles empedradas de la centenaria villa enmurallada ya hay suficiente para tal reclamo. 
Su verdadera historia es que fue una fortaleza militar bañada en guerra, que se disputaron el Condado de Cerdaña-Rosellón, la Casa Condal de Barcelona, luego las Coronas de Aragón y Mallorca y, finalmente la Monarquía Española. Así llegó al inicio de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Finalmente, tras la firma de la Paz de los Pirineos (1659) mediante la cual no sólo la Villa sino también todos los territorios catalanes de la vertiente Nord-Pirenaica pasaron a la soberanía de Luis XIV, osease, pasaron a ser tierras Francesas.

Cristina y yo recorrimos cada calle, nos paramos en cada rincón, visitamos todos los museos y tiendas y hasta compramos un quilo de pan artesanal!! (Se agradece cuando uno está acostumbrado al pan del Mercadona) Nos detuvimos a comernos una crep de chocolate y a tomar café (para paliar el frío) en un bar bastante... ¿curioso? Parecía un bajo pequeño y estrecho de una casa. La servil propietaria nos sirvió café de microondas y una crep con un sabor rancio. No nos importó, devoramos aquel "manjar" en un abrir y cerrar de ojos. 



No paraba de llover, así que decidimos ir a buscar otro lugar al que visitar. Entramos en el coche y de nuevo pusimos en marcha el buscador de interés cultural del GPS. Entre varias opciones, de las que no recuerdo, escogimos La Abadía de San Miguel, un antiguo monasterio que aún rendía en funcionamiento. 
Llegamos tarde y la hora de las visitas ya había finalizado, así que nos conformamos con dar vueltas por el recinto, imposibilitadas de entrar en las instalaciones religiosas. (Bueno... por algún que otro sitio nos colamos...) Me hizo mucha gracia un huerto que cuidaban las monjitas, cada verdura o especie estaba marcada por un trozo de papel que contenían nombres. Supusimos que serían los nombres de las clausuradas mujeres, orgullosas de sus frutos que crecían gracias a sus esfuerzos y sus plegarias. 
De aquel monasterio me quedo con el siguiente poema:


Y no había más que ver... Empezó a caer la noche y si queríamos llegar vivas a casa de mi tío debíamos partir en breve. Nos esperaban carreteras estrechas, subidas y curvas, curvas y curvas.


sábado, 13 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. La llegada.

Buenas viajeros!

Durante el puente del Pilar de este año Cristina y yo nos escapamos a visitar a mis tíos que viven en Py. Py es un pequeño pueblo situado en lo alto del Pirineo Francés, ubicado en un valle perdido que casi parece de ensueño. Según nos contaron, aquella región se abandonó por el éxodo rural durante la década de los 60 y fue repoblado por descendientes del movimiento hippy a finales de los años 70.

Aquel día nos levantamos muy temprano, pues nos esperaban 260 km de viaje... Pusimos la radio, encendimos el GPS y nos embarcamos por la AP7 dirección Francia. Entrando en la embajada francesa nos encontramos con una sorpresita... a 3 Km. hay un radar limitado a 110... ¡Cuidado!

Debo dar gracias a la idea de Cristina de llevar GPS, pues estoy segura de que nos hubiéramos perdido siguiendo las indicaciones. Cuando se conduce por un país que no es el tuyo es común despistarse y desorientarse. Te sofoca  la idea de que si preguntas indicaciones a cualquier transeúnte no vas a entender ni un pijo de lo que te diga... Hasta que te das cuenta que sólo te vales de tus sentidos, así que genial, tu cuerpo se agiliza y tu mente se aviva. Pero mejor llevarlo... sí, lo recomiendo!

Las ganas de llegar a Py se hicieron presente en nuestros adentros. Cuando encontramos el cartel que indicaba Py / Mantet el corazón nos dio un vuelco de alegría. Nos encaminamos por una carretera estrecha que en teoría era de dos carriles... pero no, no había el espacio suficiente para dos coches. Así que nos esperaron unos veinte minutos de tensión, subidas, curvas y... naturaleza. Poco a poco fueron apareciendo arboles y más arboles, vacas pastando a su libre albedrío, saltos de agua inmensos, puentes de piedra... El tiempo no acompañaba, pues aquella noche había llovido y algunas rocas se habían desprendido ocupando partes de la tortuosa carretera.


Llegamos a Py y así a casa de mi tío, que vive en la última casa del pueblo. En seguida salió corriendo mi prima Elisenda, de cuatro años, a darnos la bienvenida y a decirnos que había pasado la mañana preparando para nosotras un pastel con su madre. Por fin estiramos las piernas, nos apeamos del coche y nuestra visión se perdió entre la lejanía de las montañas.


La casa de mi tío es la más sencilla del mundo, a la par de acogedora. Una casa antigua hecha de piedra y madera, con un cobertizo inmenso, un intento de huerto y un corral de gallinas. Mis tíos se dedican a la venta de cerámica que ellos mismos crean en su taller, un espacio repleto de artesanía y ambientado siempre con la música de la radio. (Sí, sí, nos pareció increíble que llegaran hasta aquel pueblo perdido en la montaña las ondas de radio.)


Dejamos el equipaje y comimos. Mi tía Nadia, la esposa de mi tío Fonsu, es vegetariana. Así que imaginaros el tipo de comida que nos esperaba durante tres días: comida ecológica, sana y natural tachan!! Y de postre el pastel de bizcocho y frambuesa de Elisenda.

Después de una velada en familia, en la cual nos pusimos al día con las nuevas de los familiares y las nuestras propias, mis tíos nos aconsejaron pueblos a los que visitar. Enseguida supimos hacia dónde nos teníamos que dirigir. Empezó a llover y el frío aguijoneó nuestra piel. No obstante no pensábamos detenernos... Nos esperaban muchas horas de aventura!

Hummus acompañado de bastoncitos de zanahora, aceitunas del pueblo, queso fresco y... champán!

La Princesa Elisenda con su pastel.