Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo.
Ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Py - Pirineo Francés. Último día

Nos despertó un aroma dulzón que provenía de la cocina. Nos asomamos por la ventana, para nuestra desdicha aún seguía lloviendo. Bajamos por las escaleras, atraídas por aquella fragancia que nos acababa de abrir el estómago: eran creps caseras. (No sé a vosotros, pero a mí estar en medio de la montaña me abre el apetito inexplicablemente.) Enseguida nos sentamos en la mesa y nos untamos las creps con crema de avellanas y frambuesa, y rápidamente nos sirvieron el té especial de Nadia. Aquel día mis tíos tenían que ir al mercado para vender las piezas de cerámica, pero se anuló y se tuvieron que quedar en casa. Pensaréis que quedarse en una casa, sin más remedio, en medio de un valle es aburrido. Yo también lo pensaba... Sin embargo, una casa vieja requiere mucho tiempo al qué dedicarle. Fonsu y Nadia ya tenían planeado el día: iban a desayunar tranquilamente con nuestra compañía, se tumbarían en el sofá enfrascados en alguna conversación mientras juguetearían con el super gato Pepet, prepararían la comida, se encargarían de las gallinas, comerían, tornearían unas cuantas piezas más e irían a buscar a Elisenda en la parada del autobús del colegio. Sus caras de felicidad parsimoniosa daban envidia.

Cuando acabamos de desayunar (¡sí! Pudimos estar una hora entre crep y crep y sorbo y sorbo de té) fuimos a visitar a una vecina amiga de Nadia. Su peculiaridad es que elabora queso de cabra casero. ¡Pero no  un queso corriente! La leche de los quesos es de cabras pirenaicas, unas cabras negras y cornudas que tenía en un corral adosado a su casa. Dicen que el idioma  universal es el que se expresa a través del cuerpo... y doy fe de ello. La vecina de las cabras tenía algunas nociones de catalán y nosotras algunas de francés, pero básicamente usamos gestos y muecas para pedirle cinco de sus sublimes quesos, que nos entregaría media hora antes de emprender nuestro viaje de vuelta a casa.

Dimos una vuelta por Py escondidas debajo de nuestros paraguas y aprovechamos para sacar algunas fotos.



Había un pueblo que quería enseñar a Cristina antes de marcharnos: Mantet. Este pueblo es el último de los Pirineos. Se ubica en el punto más alto del Valle y llegar hasta allí nos fue algo complicado. La carretera es para ambos sentidos pero, como era de esperar dadas las situaciones anteriores, solo cabía un coche y, para darle más emoción, todo era subida y curvas. Cuanto más ascendíamos más nos veíamos envueltas en la espesa niebla, y estuvimos así  media hora. Fue algo estrepitoso, la verdad. Aun así, aquel viaje de suicidas valió la pena. Mantet es otra dimensión. Mantet tiene una población de unos veinte habitantes, que disfrutan su aislamiento en la pequeña capilla, en la plaza mayor (que había una mesa de pin-pong), en el centro cultural y, sobretodo, en el bar (que estaba cerrado cuando fuimos.) Allí, en lo más alto del pirineo, Cristina y yo nos juramos volver cuando hiciera buen tiempo, seguro que las vistas tienen que ser increíbles... 



Fotografía sacada de una foto del centro cultural
A la hora de comer nos despedimos de Mantet y retomamos el camino dirección Py. Nos armamos de valor y empezamos a descender. A medio trayecto vimos diez o doce ovejas que correteaban en grupo en medio de la carretera, curiosas a la par que temerosas por nuestra presencia. Bajamos más, y el paisaje se iba esclareciendo: nuestro último día y el tiempo empezaba a mejorar... Pudimos ver como a nuestra izquierda, que era el lado donde había montaña, iban apareciendo pequeñas cascadas. A nuestra derecha... el horizonte. 

Llegamos a Py, comimos y nos fuimos a la parada del autobús escolar a buscar a Elisenda. ¡Por fin vimos gente! Empezaron a llegar madres, padres y  niños que vivían en Py, hasta aquel momento sólo habíamos visto a mis tíos. Gente humilde, feliz y bonachona, así son los habitantes de Py. 

Acabó nuestro viaje con los abrazos de mis familiares. Llegaba la hora de volver a casa. El Pirineo Francés se despidió de nosotras regalándonos unos cálidos rayos de sol que se filtraban entre las montañas.

Aqui os dejo el vídeo de nuestro viaje:

domingo, 28 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. Segundo día

La luz tímida de media mañana entraba a través de las brechas que se habían formado en la persiana de madera de la habitación de Elisenda. Nos despertamos casi sincronizadamente y bajamos las chirriantes escaleras a fin de desayunar. Mi tía Nadia nos había dejado encima de la mesa una gran variedad de cremas y mermeladas, queso, panes ecológicos y la pequeña olla con té que la presidía, aún vaporeando. Comimos con ansia y avidez. Descubrí que la crema de avellanas acompañada con mermelada de frambuesa, untadas en pan ecológico de cinco cereales, con un trozo de queso de cabra casero encima era mi desayuno favorito. Elisenda se había ido al cole y mis tíos nos animaron a recoger los huevos de las gallinas pirenaicas. Habían puesto tres huevos, que guardamos para la comida. Nadia tenía que hacer piezas de cerámica para vender en el mercado (si no llovía), mientras mi tío Fonsu preparaba el horno para hornear las piezas que ya habían moldeado la semana anterior. Así que nos propuso enseñarnos a tornear. Claro, ¡estuvimos encantadas! Cristina fue la primera. Torneamos dos boles cada una. Mi tía me dijo, como dato curioso, que mis formas de tornear y moldear eran muy parecidas, casi idénticas, a las de mi tío... ¿La herencia genética?

Nuestras creaciones
Mientras mi tío Fonsu preparaba la comida Nadia nos mostró un mapa turístico de la zona. Viendo que la neblina emergía de entre las copas de los arboles, y habiendo planeado el día anterior dónde ir, elegimos el lugar culminante dónde acabaríamos el lluvioso y húmedo día...

Nos preparamos un bocadillo de queso de cabra, tomate y hummus para comer. Mi tío había preparado patatas al horno con carne, pero... nuestra comida sería un bocadillo... así que cogimos el coche, encendimos nuestro amigo GPS y empezamos a descender por la carretera.

COVA BASTERA

Justo al lado de Vilefranche de Conflent se encuentra la primera cueva que visitaríamos. En la entrada hay una pancarta con un triceratops enorme, no pasa desapercibida. Aparcamos justo delante y salimos pitando, pues había empezado a llover fuertemente. El propietario de la cueva (sí, había colgado en la pared un artículo del periódico dónde ponía que era el propietario, curioso) nos atendió muy amablemente en catalán-francés. Recalco esto, porqué el hombre empezó a explicar que había tres cuevas y despistando, despistando, nos cobró tres entradas en lugar de dos. Evidentemente reclamé el importe...

Tuvimos que subir por unas escaleras empinadas a la par que estrechas. Las goteras y la humedad pronto hicieron mella en nuestros cuerpos. Debo decir que la cueva en si no tiene nada de particular... Para dar un poco de emoción turística hay montadas unas escenas con dinosaurios y hombres de las cavernas que no vienen mucho al caso... Nuestro paso por Bastera fue rápido, pues no había mucho por ver.


GRANS CANALETTES

Aparcamos el vehículo en el párquing de esta cueva y comimos los bocadillos dentro del coche. Al entrar, vimos que el hall estaba casi inundado. Para hacer la broma abrimos el paraguas. La escena era casi surrealista: todas las vitrinas en las que había minerales y joyas estaban empapadas, había montones de cubos debajo de las goteras y todo estaba encharcado. Habiendo estado en la Cueva Bastera nos esperábamos lo peor... No obstante, lo que esa Cueva guardaba era fascinante...

Nos encaminamos por un pasillo iluminado donde en el lado derecho había estalagmitas (depósito de minerales que se forman por precipitación química que se forman en el suelo de una cueva de caliza debido a la decantación de soluciones y la deposición de carbonato cálcico). Entonces la cueva se engrandecía y empezamos a ver decenas, centenares de estalagmitas y estalactitas (lo mismo pero se forman des del techo). La iluminación de estas maravillas era espléndida, bien estudiada. Empecé a sentir una paz profunda que me obligaba a mantenerme con la boca abierta y los ojos desorbitados. Era un paisaje mágico, celestial.






Subiendo unas escaleras nos encontramos con una extraña formación de estalagmitas que parecían la Montaña de Montserrat. Incluso sonaba la canción Rosa d'Abril (el himno o cántico representativo). La Cueva Grans Canalettes es uno de los sitios que visitar antes de morir, lo digo en serio.

Salimos de la Cueva con una gran paz interior y asombro. El mal tiempo seguía amenazando y nos pusimos en camino del lugar donde terminar el día: Saint Thomas Les Bains.

SAINT THOMAS LES BAINS

Es un manantial al aire libre con tres piscinas de agua caliente y sulfurosa... Fue lo mejor que podíamos haber hecho dado el mal tiempo que hacía. Bañarte en agua caliente mientras la lluvia fría te cae en la cabeza, viendo las montañas de fondo a la par que relajas la musculatura de la espalda con un chorro de agua es.... indescriptible... Nos quedamos un par de horas yendo de piscina en piscina. El vapor de agua nos nublaba la vista y el sulfuro nos limpió y saneó la piel sobremanera. 


Terminó el día dando paso a la noche. Estábamos bastante lejos de Py y debíamos marcharnos... aunque no queríamos, nos fue muy difícil salir de las piscinas... pero no teníamos más remedio xD

Como dato de observación: 1.- En Saint Thomas las duchas están a fuera,en las piscinas, no en los vestuarios. Así que armaros de valor y coraje para salir fuera del recinto si no vais en verano. 2.- No pidáis té. Lo elaboran allí mismo y no es que sea muy bueno... Pedimos uno que parecía té rojo, pero era de frambuesa y sabía muy raro.... NO TÉ DE SAINT THOMAS S'IL VOUS PLAÎT.

De nuevo dimos uso a nuestro amigo, que de vuelta a Py nos condujo por un camino que denominamos "de cabras". Sin iluminación, estrecho, con niebla densa, cruzando un bosque y cero señalización. En algún momento incluso tuve la sensación que se nos aparecería la "chica de la curva" o cualquier otro espíritu malvado y siniestro que nos mataría.

Llegamos a Py cansadas. Mis tíos nos habían guardado lo que había sobrado del almuerzo y comimos con ansia. Al igual que la noche anterior, nos decidimos por ver una película antes de ir a dormir. No obstante, somos humanas y el cansancio se apoderó de nuestra mente y cuerpo.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. Primer día

Vilefranche de Conflent.



Villa medieval del siglo XI, ubicada en el corazón de los Pireneos Orientales, al pie del Canigou. Clasificada entre los más Bonitos Pueblos de Francia. En el interior de estas fortificaciones, en sus calles estrechas, existe una actividad artesanal y comercial pintoresca. Muchas de sus tiendas son de Pottery "cerámica", juguetes hechos a mano, varias librerías y sobretodo y que no falten: Bares. El día era lluvioso y toda la ciudad se encontraba sumida en la neblina. 
Nos contaron que como atracción turística los lugareños se inventaron que en el pasado unas brujas se escondían en los bosques cercanos donde preparaban sus pócimas y aclamaban la magia negra, atemorizando a los vecinos de la zona. Esta historia no es cierta, y en mi opinión con solo recorrer las calles empedradas de la centenaria villa enmurallada ya hay suficiente para tal reclamo. 
Su verdadera historia es que fue una fortaleza militar bañada en guerra, que se disputaron el Condado de Cerdaña-Rosellón, la Casa Condal de Barcelona, luego las Coronas de Aragón y Mallorca y, finalmente la Monarquía Española. Así llegó al inicio de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Finalmente, tras la firma de la Paz de los Pirineos (1659) mediante la cual no sólo la Villa sino también todos los territorios catalanes de la vertiente Nord-Pirenaica pasaron a la soberanía de Luis XIV, osease, pasaron a ser tierras Francesas.

Cristina y yo recorrimos cada calle, nos paramos en cada rincón, visitamos todos los museos y tiendas y hasta compramos un quilo de pan artesanal!! (Se agradece cuando uno está acostumbrado al pan del Mercadona) Nos detuvimos a comernos una crep de chocolate y a tomar café (para paliar el frío) en un bar bastante... ¿curioso? Parecía un bajo pequeño y estrecho de una casa. La servil propietaria nos sirvió café de microondas y una crep con un sabor rancio. No nos importó, devoramos aquel "manjar" en un abrir y cerrar de ojos. 



No paraba de llover, así que decidimos ir a buscar otro lugar al que visitar. Entramos en el coche y de nuevo pusimos en marcha el buscador de interés cultural del GPS. Entre varias opciones, de las que no recuerdo, escogimos La Abadía de San Miguel, un antiguo monasterio que aún rendía en funcionamiento. 
Llegamos tarde y la hora de las visitas ya había finalizado, así que nos conformamos con dar vueltas por el recinto, imposibilitadas de entrar en las instalaciones religiosas. (Bueno... por algún que otro sitio nos colamos...) Me hizo mucha gracia un huerto que cuidaban las monjitas, cada verdura o especie estaba marcada por un trozo de papel que contenían nombres. Supusimos que serían los nombres de las clausuradas mujeres, orgullosas de sus frutos que crecían gracias a sus esfuerzos y sus plegarias. 
De aquel monasterio me quedo con el siguiente poema:


Y no había más que ver... Empezó a caer la noche y si queríamos llegar vivas a casa de mi tío debíamos partir en breve. Nos esperaban carreteras estrechas, subidas y curvas, curvas y curvas.


sábado, 13 de noviembre de 2010

Py - Pirineo Francés. La llegada.

Buenas viajeros!

Durante el puente del Pilar de este año Cristina y yo nos escapamos a visitar a mis tíos que viven en Py. Py es un pequeño pueblo situado en lo alto del Pirineo Francés, ubicado en un valle perdido que casi parece de ensueño. Según nos contaron, aquella región se abandonó por el éxodo rural durante la década de los 60 y fue repoblado por descendientes del movimiento hippy a finales de los años 70.

Aquel día nos levantamos muy temprano, pues nos esperaban 260 km de viaje... Pusimos la radio, encendimos el GPS y nos embarcamos por la AP7 dirección Francia. Entrando en la embajada francesa nos encontramos con una sorpresita... a 3 Km. hay un radar limitado a 110... ¡Cuidado!

Debo dar gracias a la idea de Cristina de llevar GPS, pues estoy segura de que nos hubiéramos perdido siguiendo las indicaciones. Cuando se conduce por un país que no es el tuyo es común despistarse y desorientarse. Te sofoca  la idea de que si preguntas indicaciones a cualquier transeúnte no vas a entender ni un pijo de lo que te diga... Hasta que te das cuenta que sólo te vales de tus sentidos, así que genial, tu cuerpo se agiliza y tu mente se aviva. Pero mejor llevarlo... sí, lo recomiendo!

Las ganas de llegar a Py se hicieron presente en nuestros adentros. Cuando encontramos el cartel que indicaba Py / Mantet el corazón nos dio un vuelco de alegría. Nos encaminamos por una carretera estrecha que en teoría era de dos carriles... pero no, no había el espacio suficiente para dos coches. Así que nos esperaron unos veinte minutos de tensión, subidas, curvas y... naturaleza. Poco a poco fueron apareciendo arboles y más arboles, vacas pastando a su libre albedrío, saltos de agua inmensos, puentes de piedra... El tiempo no acompañaba, pues aquella noche había llovido y algunas rocas se habían desprendido ocupando partes de la tortuosa carretera.


Llegamos a Py y así a casa de mi tío, que vive en la última casa del pueblo. En seguida salió corriendo mi prima Elisenda, de cuatro años, a darnos la bienvenida y a decirnos que había pasado la mañana preparando para nosotras un pastel con su madre. Por fin estiramos las piernas, nos apeamos del coche y nuestra visión se perdió entre la lejanía de las montañas.


La casa de mi tío es la más sencilla del mundo, a la par de acogedora. Una casa antigua hecha de piedra y madera, con un cobertizo inmenso, un intento de huerto y un corral de gallinas. Mis tíos se dedican a la venta de cerámica que ellos mismos crean en su taller, un espacio repleto de artesanía y ambientado siempre con la música de la radio. (Sí, sí, nos pareció increíble que llegaran hasta aquel pueblo perdido en la montaña las ondas de radio.)


Dejamos el equipaje y comimos. Mi tía Nadia, la esposa de mi tío Fonsu, es vegetariana. Así que imaginaros el tipo de comida que nos esperaba durante tres días: comida ecológica, sana y natural tachan!! Y de postre el pastel de bizcocho y frambuesa de Elisenda.

Después de una velada en familia, en la cual nos pusimos al día con las nuevas de los familiares y las nuestras propias, mis tíos nos aconsejaron pueblos a los que visitar. Enseguida supimos hacia dónde nos teníamos que dirigir. Empezó a llover y el frío aguijoneó nuestra piel. No obstante no pensábamos detenernos... Nos esperaban muchas horas de aventura!

Hummus acompañado de bastoncitos de zanahora, aceitunas del pueblo, queso fresco y... champán!

La Princesa Elisenda con su pastel.

viernes, 22 de octubre de 2010

Formentera - Día 2 - Para acabar

Y seguí dirección Cala Saona...

Cala recomendada 100%. Rodeada por cumbres montañosas y llena de embarcaderos fabricados con madera por los pescadores, con la capacidad de albergar una sola barca cada uno. Enseguida eché la toalla en la arena blanca y fina, y corrí a darme un baño en el agua cristalina, de diversos tonos azul casi transparente. Pensé en comprar unas gafas de agua en una de las tiendas que hay en la entrada, pero fui incapaz de salir del agua... ¡hasta que me entró hambre!

Recogí la toalla y mis pertenencias y lo guardé todo en la mochila. Me dirigí al restaurante Chacala, que era el más próximo, y escogí una mesa con vistas al mar. La comida de aquel restaurante era cara... pero no me importó: tenía mucha hambre y quise darme el placer de disfrutar de una buena fideuá de marisco!

Montando la bici retomé mi camino hacia Sant Francesc, pasé por la carretera debidamente señalizada que expliqué en la anterior entrada del blog y... todo era bajada... todo bajada, bajada... Estuve más de una hora deslizándome con la bici sin pedalear... No recuerdo haber vivido nunca aquella sensación de pura libertad.

Pasando el Port de la Savina me desvié del camino y me paré de nuevo en la playa de Sa Roqueta para hacer tiempo y esperar el momento de ir en Kayac.

Llegó la hora y me dirigí de nuevo hacia el Puerto. Allí estaban Marc, Pere y Sara, vestidos con un traje acuático rojo y llevando el casco puesto. (De acuerdo... llegué diez minutos tarde) Me disculpé por mi retraso y me puse el atuendo yo también. Cuando estábamos listos me presentaron a Carlos, el dueño de la náutica que nos ofrecía el viaje en Kayac.

Remamos los cuatro desde el Puerto, pasamos un faro y nos dirigimos surcando las pequeñas olas hasta la isla de S'Espalmador. Suerte que no quedaba muy lejos, pues no estaba entrenada para pasarme la tarde remando. Aquel paisaje, aquellos colores, la flora que había en las costas de la pequeña isla me dejaron abrumada. Fue toda una experiencia, sin duda, y desde aquí agradezco a estas personas que se encontraron de repente en mi camino y me ofrecieron aquel recorrido fantástico de 45 minutos.

Llegó la hora de cenar. Volví a Ses Pujols y devolví la bici al Sr. Manolo. Le expliqué todo lo que había recorrido y me escuchó encantado. También me habló de un par de sitios a los que visitar al día siguiente, pero no me daría tiempo... Debía coger el barco temprano dirección Ibiza y espabilarme a encontrar hotel.


Os pongo el vídeo con las imágenes más bonitas de mi viaje.

Acaba aquí la historia de mi camino en Formentera, pues al día siguiente lo pasé en Ibiza. Encontré un hostal... muy desaconsejable. No recuerdo el nombre y doy gracias por ello. Consistía en un bloque de pisos con habitaciones alquiladas de un único baño compartido por planta. No paró de llover en todo el día, así que hice poca cosa: visité el casco antiguo de la ciudad y me entretuve mirando tiendas hasta que caí rendida. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, cogí un taxi dirección Aeropuerto. Era hora de volver a casa, con la cámara llena de fotografías y embargada de un montón de recuerdos de una escapada en la que pude conectar conmigo misma, que era lo que necesitaba.

Enlace del video en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=UbZOA1y7Ugs

jueves, 21 de octubre de 2010

Formentera - Día 2 - Por la mañana

El segundo día en Formentera decidí levantarme temprano para poder recorrer media Isla en bicicleta. En la recepción del hotel cogí un mapa con los puntos claves y lugares turísticos a los que visitar, y mientras desayunaba me marqué el recorrido. (Me serví de un buffet libre... así que me puse las botas... Aprovechando me apropié de dos paquetes de tres galletas María cada uno y los metí en la maleta... por si acaso.)

Con el recorrido marcado, la barriga llena y las ganas de ver paisage me dirigí a Can Manolo, donde me alquilaron una bici de paseo por tan solo 7 €!! Un hombre simpático el tal Manolo...!

Venga, me preparé el mp3 con mantras y música de Snatam Kaur y salí de Ses Pujols pedaleando en dirección Port de la Savina. De camino me paré en el primer punto que marqué: El sepulcro megalítico de Ca Na Costa, levantado entre 1900 y 1600 antes de nuestra Era.

Este sepulcro de carácter religioso parece ser único en el mundo, ya que conserva todas las partes intactas: corredor, cámara principal y camino exterior. Por razones de seguridad el monumento se encontraba vallado y no pude investigar!

Empezó a caer sobre mis hombros el calor y los rayos del sol a las nueve de la mañana y me dirigí a darme un baño a la playa de Es Canyers y pedalenado un ratito más a Sa Roqueta. De camino me encontré a los tres de Olot yendo en moto, y me recordaron que por la tarde íbamos a recorrer S'Espalmador en Kayac. Mi respuesta fue: Allí estaré!!!!!!!!

A las once de la mañana cruzé todas las instalaciones de les Salines, que son unas acequias productoras de sal. Eh... increíbles!

Llegué al Puerto de la Savina. Me entretuve mirando las embarcaciones y proseguí mi camino hasta Sant Francesc. El camino que recorrí fue una carretera con mucha subida, demasiada! Eso sí, el carril bici estaba debidamente señalizado y contaba con bastante espacio. 

En Sant Francesc me detuve a chafardear una tienda y aproveché para ojear el mapa. Iba por el buen camino... Lo que no sabía era la clase de subidas y bajadas que me esperaban. El carril bici se estrechó, desapareció y empezaron las curvas... Pero la vegetación que rodeaba aquel camino era espectacular: todo verde, pinos, hierbas silvestres, vallas rocosas aquí y allí, casas de piedra, cielo despejado, olores desconocidos... Me sentí como si formara parte de la serie Verano Azul! Sacrificado, pero toda una experiencia.

Sudando, deshidratada, asqueada y casi atropellada dos veces llegué al Cap de Barbaria, donde un gran faro blanco se alzaba imperioso para ser la "luz" de los desorientados. Llegué medio muerta a las dos de la tarde, y maldije a todas esas personas que habían llegado allí en moto o en coche... No vi ninguna bicicleta!! Del Cap de Babaria, a parte del Faro, me llamó la atención unos diminutos montoncitos de piedra que se repartían por todo el territorio, piedrecitas amontonadas que, según me explicaron una pareja de Mallorca, fueron construidas por los hippis para honrar la divinidad de la naturaleza y la creatividad humana sin necesidad de destruir el paisaje. Me dijeron: "En la Naturaleza se encuentra el material necesario para sorprendernos". Me despedí de ellos y fui caminando durante unos diez minutos hasta llegar a la Torre Des Garroveret, una antigua fortaleza que no me atreví a escalar como hicieron dos chicas de Barcelona. Ya llevaba peladas las rodillas de la última vez que casi me atropellaron... así que decidí no tentar a la suerte.
Hora de volver! Tenía tres horas por delante ya que había quedado a las cinco de la tarde en la náutica para hacer el viaje en Kayac con Sara, Marc y Pere! Tuve un ataque de pereza mezclada con pánico al tener que volver otra vez a recorrer aquel camino en bicicleta... pero lo hice. Y me esperaron subidas, subidas y subidas.

Insensata de mi no me llevé nada para beber. Cuidado!! Os lo digo en serio: No os olvidéis jamás llevar una botella de agua encima!! Saliendo de Sant Francesc ya no hay absolutamente ningún bar ni tienda para comprar comida o bebida, así que suministraros bien y a tope! Yo me olvidé el agua, así que pedalee hasta el primer bar que encontré. No sabría deciros los kilómetros que recorrí, pero estuve más o menos una hora y media. Llegué al bar....... tiré la bici al suelo y entré estrepitosamente. Le pedí un zumo de melocotón con mucho, muchísimo hielo al camarero y lo apuré en segundos. Mientras me hacía un piti miré a mi alrededor... Una señal de Sant Francesc a 100 m si seguía hacia delante... y otra más que señalaba a la izquierda, dónde ponía: Playa Cala Saona, 1,2 km. La brújula de mi interior apuntó hacia la izquierda...

miércoles, 13 de octubre de 2010

Formentera - Día 1

Formentera pasa a ser mi isla favorita del mediterráneo. Llegando en barco desde el puerto de Ibiza desembarcas en el Port de la Savina. En el barco conocí a dos chicos y a una chica de Olot, tres personas encantadoras que me hablaron de lugares a los que visitar en la  isla: "Visita Cala Saona, allí los atardeceres son espléndidos. Visita Ses Illetes, si alguien te invita a una cena en el restaurante Es Ministre no digas que no, sus menús de pescado y arroces no dejan indiferente a nadie (nadie me invitó, así que no fui xD) y me dieron la oportunidad de dar la vuelta en Kayac a la pequeña isla de Es Palmador, en donde si hubiéramos tenido tiempo nos hubiéramos bañado en las aglomeraciones de barro fresquito."

El primer día en Formentera cogí el autobús desde el puerto de la Savina hasta Es Pujols, busqué el hotel Levante, me dieron una habitación y salí pitando, con la mochila a mis espaldas, a dar una vuelta por Es Pujols. Me encontraba en el municipio más turístico de la isla. Allí las pequeñas calles se presentaban rebosantes de todo tipo de tiendas y restaurantes.



No tardé mucho en llegar a la playa y me detuve a hacer fotos y a sentarme, contemplando los colores del mar bañados por los rayos del sol al atardecer.
Mis huellas quedaban impresas en la arena blanca de la playa, las olas del mar golpeaban suavemente las formaciones rocosas, y yo me sentí llena de inmensidad...



Llegó la hora de cenar, y me detuve en un restaurante que no quedaba muy lejos del hotel. No me acuerdo del nombre, pero las pizzas eran enormes e increíbles. Me pedí una pizza Napolitana que acompañé con un poco de agua (después de caminar y caminar no hay nada que te sienta mejor)

Sin planearlo me encontré en el mercado hippy del pueblo. Es un mercado con paradas expuestas justo al lado de la playa que se expone cada tarde. Allí vi ponerse el sol. Sentada en una piedra contemplé como el día daba paso a la noche. Todo estaba en silencio, y me dirigí al hotel para dormir, no sin antes beberme una caipirinha ¡a mi salud!

sábado, 9 de octubre de 2010

Presentación del Blog

Muy buenas viajeros!

Mi nombre es Bàrbara, tengo 24 años y vivo en Salt, Girona. Es durante el año 2010 que nace en mí una necesidad extrema de conocer mundo, embargarme de las sensaciones que produce viajar a un destino desconocido, mezclarme con otras culturas, sentir como lugares que nunca había imaginado pasan a formar parte de mi inevitablemente... Así inauguro mi blog "Una vuelta por el mundo". En él publicaré las fotografías y vídeos de los paisajes que más me han dejado huella, mis experiencias... en fin, un relato de mi camino hacia lo desconocido.