Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo.
Ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

viernes, 22 de octubre de 2010

Formentera - Día 2 - Para acabar

Y seguí dirección Cala Saona...

Cala recomendada 100%. Rodeada por cumbres montañosas y llena de embarcaderos fabricados con madera por los pescadores, con la capacidad de albergar una sola barca cada uno. Enseguida eché la toalla en la arena blanca y fina, y corrí a darme un baño en el agua cristalina, de diversos tonos azul casi transparente. Pensé en comprar unas gafas de agua en una de las tiendas que hay en la entrada, pero fui incapaz de salir del agua... ¡hasta que me entró hambre!

Recogí la toalla y mis pertenencias y lo guardé todo en la mochila. Me dirigí al restaurante Chacala, que era el más próximo, y escogí una mesa con vistas al mar. La comida de aquel restaurante era cara... pero no me importó: tenía mucha hambre y quise darme el placer de disfrutar de una buena fideuá de marisco!

Montando la bici retomé mi camino hacia Sant Francesc, pasé por la carretera debidamente señalizada que expliqué en la anterior entrada del blog y... todo era bajada... todo bajada, bajada... Estuve más de una hora deslizándome con la bici sin pedalear... No recuerdo haber vivido nunca aquella sensación de pura libertad.

Pasando el Port de la Savina me desvié del camino y me paré de nuevo en la playa de Sa Roqueta para hacer tiempo y esperar el momento de ir en Kayac.

Llegó la hora y me dirigí de nuevo hacia el Puerto. Allí estaban Marc, Pere y Sara, vestidos con un traje acuático rojo y llevando el casco puesto. (De acuerdo... llegué diez minutos tarde) Me disculpé por mi retraso y me puse el atuendo yo también. Cuando estábamos listos me presentaron a Carlos, el dueño de la náutica que nos ofrecía el viaje en Kayac.

Remamos los cuatro desde el Puerto, pasamos un faro y nos dirigimos surcando las pequeñas olas hasta la isla de S'Espalmador. Suerte que no quedaba muy lejos, pues no estaba entrenada para pasarme la tarde remando. Aquel paisaje, aquellos colores, la flora que había en las costas de la pequeña isla me dejaron abrumada. Fue toda una experiencia, sin duda, y desde aquí agradezco a estas personas que se encontraron de repente en mi camino y me ofrecieron aquel recorrido fantástico de 45 minutos.

Llegó la hora de cenar. Volví a Ses Pujols y devolví la bici al Sr. Manolo. Le expliqué todo lo que había recorrido y me escuchó encantado. También me habló de un par de sitios a los que visitar al día siguiente, pero no me daría tiempo... Debía coger el barco temprano dirección Ibiza y espabilarme a encontrar hotel.


Os pongo el vídeo con las imágenes más bonitas de mi viaje.

Acaba aquí la historia de mi camino en Formentera, pues al día siguiente lo pasé en Ibiza. Encontré un hostal... muy desaconsejable. No recuerdo el nombre y doy gracias por ello. Consistía en un bloque de pisos con habitaciones alquiladas de un único baño compartido por planta. No paró de llover en todo el día, así que hice poca cosa: visité el casco antiguo de la ciudad y me entretuve mirando tiendas hasta que caí rendida. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, cogí un taxi dirección Aeropuerto. Era hora de volver a casa, con la cámara llena de fotografías y embargada de un montón de recuerdos de una escapada en la que pude conectar conmigo misma, que era lo que necesitaba.

Enlace del video en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=UbZOA1y7Ugs

1 comentario:

  1. Bàrbara! sóc la teva cousin arantxa! XD he disfrutat mltissim llegint el relat del teu viatge, prometo ser una seguidora fidel dl teu blog! ;)

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